jueves, 14 de noviembre de 2013

  Conozco mil y una maneras de morir,
una de ellas es cuando veo,
como el suelo donde piso,
ese suelo donde me mantengo en pie,
el que me sostiene,
se va rompiendo poco a poco.
Sin saber porque veo mi reflejo roto en él,
pisando flojo y despacio camino hacia adelante,
pero inexplicablemente cada paso que doy por muy cuidadoso que sea..
lo va rompiendo más y más.
Hasta que definitivamente caigo a un gran vacío.
Un vacío que parece no tener fin.
Ese vacío tan oscuro y frío...
Tan solitario,casi puedo oír mis propios pensamientos.
Empiezo a buscar salidas,y a mirar hacia arriba y veo un punto muy pequeñito 
con algo de luz.
Pero está allá arriba,vuelvo a pensar ¿Cómo hago para llegar?
Supongo,
Que si estoy aquí he de resignarme,por alguna razón llegué donde estoy.
Seguramente me quede aquí por un largo tiempo,
seguramente me encariñaré con este lugar,
incluso ni pensaré más en salir..
Pero sé ahora en mi desesperación que siempre,
en todas las veces que me he caído me he levantado,
y aunque este sea un pozo muy hondo,muy profundo,
encontraré la manera de salir de aquí.
Pero sí,esta es una manera muy interesante de morir lentamente.
Porque duele más lo que no se ve...
Duele más lo que se siente por dentro que cualquier aruñon.
Pero lo importante no es evitar que duela,lo importante,es salir de aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario